Pisco sonríe (también)
La República / Revista Domingo
Por Carolina Martín
Fotos Aldo Callegari
“Mucho se habla desde Lima de la reconstrucción de Pisco. Desde lujosas oficinas en San Isidro y en el hemiciclo del Congreso. La ciudad, no obstante, no se reconstruye desde la capital. Son los propios pisqueños los que con sus manos y sus sueños van devolviéndole la normalidad a su ciudad. Y así lo cuentan en un mini-documental algunos adolescentes de la zona. Gracias a la fuerza de esa mezcla casi mágica entre la imagen y las palabras, en Pisco las sonrisas le van ganando terreno a la tragedia“.
Las mismas carpas que hace tres meses evitaron la fiereza de las noches del invierno desértico son ahora, cuando el verano reclama su espacio en Pisco, un horno. Es por eso que las familias del Parque Zonal que las habitan, pasan gran parte del día en la puerta de las mismas. No quieren alejarse demasiado de sus nuevos e improvisados hogares, por si pierden alguna de las pocas pertenencias que les quedan, pero tampoco pueden estar dentro de esas paredes impermeables que cortan el implacable viento de Paracas, pero guardan el calor de un modo, a estas alturas del año, insoportable.
“Mi casa quema”, se queja Fiama (17), alternando muecas de risa y fastidio, cuando llega al aula prefabricada en la que, junto a una decena de adolescentes más, está aprendiendo los secretos de las palabras y las imágenes. Es la primera, y no le gusta la sensación, pero prefiere esperar allí, a la sombra, en un lugar en el que las paredes no arden.
La incertidumbre sobre cuántos de sus compañeros llegarán es grande. El Taller de Documental al que asisten (desarrollado por la asociación Nómadas, que lleva cine itinerante por Latinoamérica- y respaldado por Unicef), busca abrirles los ojos a una posible salida laboral en el futuro, pero sobre todo, quiere ser el vehículo de expresión a través del cual ellos cuenten en primera persona las tantas veces nombrada (y aún no resuelta) reconstrucción de Pisco. Y la tarea no es nada fácil.
Y la curiosidad ganó al balón
Los adolescentes sólo hablan del terremoto que cambió sus vidas en poco más de dos minutos, o en tercera persona o a través de bromas (recurrente la iniciativa masiva de patear el suelo de forma insistente, mientras alguien grita el ya gastado –de tanto usarlo- “¡Temblor!). Y además es miércoles, y en apenas una hora Perú se enfrentará a Ecuador en un partido que luego todos querrán olvidar (el del sismo no es el único recuerdo traumático que los chicos prefieren borrar).
La curiosidad, finalmente, gana al balón, y Lalo (Lalo-ca, un verdadero torbellino), Marcelo, Franco, Edith, Ghandy, Fiama, Anthonella, Claudia, Stefany, Celia y Jesús (todos con edades que fluctúan entre los 11 y los 17 años) van colocándose en sus sitios. No pueden estarse quietos. Practican mientras juegan con la cámara con la que días más tarde grabarán sus testimonios, los gileos (jaladas de pelo, sonrisas y falsas peleas) son continuos (bendita adolescencia) y la atención se desvía de forma casi automática cuando toca ponerse serios.
Hablar del terremoto les pone tristes, pero el documental no busca ni el drama ni la lágrima. Hacerles entender eso es la primera tarea. Por eso se sorprenden cuando –en un paso previo a lo que días más tarde se convertirá en el guión de sus historias- se les pide que escriban en medio folio sobre un recuerdo feliz que hayan tenido en los últimos tres meses. Entonces llega el silencio. Se miran unos a otros, luego miran las hojas que tienen delante, algunos incluso dicen que no tienen nada que escribir, pero poco a poco todos agarran sus lapiceros.
Recuperar el pulso a la vida
Sus palabras dejan constancia de cómo las más pequeñas cosas pueden lograr la mayor de las sonrisas en la peor de las desgracias. Porque Pisco no sólo llora, también sonríe. Y es justamente esa energía la que hace que la ciudad, aún muy lentamente, vaya tomándole el pulso a la vida.
“Yo nací en Pisco, una ciudad al sur de Perú -comienza su historia Stefany (15), quien escribe en plural para referirse a su dolor – Después del terremoto todos nos hemos sentido muy mal, más si es que han perdido un familiar -en su caso fueron ocho- pero también hay muchas cosas que nos (h)an hecho sonreir. A mi como participar en el 2X1 (un taller de Unicef) con los niños y niñas, también cuando jugué Voley en partidos con mis amigos, cuando fui a la disco. También conocer algunas personas que las he tomado mucho cariño, como algunas vecinas, y volver a mi centro de estudio y encontrarme con mis amigos y profesora (…). Cuando entré a mi centro de estudio vi todo casi destruido pero con las mismas personas”.
La felicidad de Jesús (14) se centra en algo más básico todavía. “La primera semana del 15 de agosto no comía nada. Nos fuimos a Casalla, donde vivía su tía de mi papá, y nos daba pan con algo de té cada día (…). Nos vinimos al albergue Zonal y gracias a Dios nos dieron un sitio donde ubicarnos, y vimos que también daban unos tiques para poder comer (…). Yo me di cuenta que el que descargaba le daban una bolsa llena de víveres y así me puse más contento, porque me di cuenta de que así podía sacar algo más para comer. Así benían los camiones y me ponía a descargar. Así me ganaba algunos víveres para poder comer y le di gracias a Dios”.
A Antonella, de 11 años, le cuesta más escribir. Por eso pide permiso para pintar y sus dibujos hablan por ella. Lo primero que traza es “una casa” –anuncia- y la hace, como no podía ser de otra manera, quebrada. Entonces rompe el papel y comienza a dibujar una suerte de muñecos. “Después del terremoto sólo había personas, y no todas. Pero no había casas”, se corrige. En su dibujo aparece repetida varias veces su figura y la de su progenitora. Más tarde la misma Antonella lo explicará en su texto: “en el terremoto yo y mis hermanos buscábamos a mi mamá y después la encontramos y me puse feliz, como toda niña”.
La magia del cine
Las historias de Stefany, Jesús y Antonella no son aisladas. La mayoría de los recuerdos felices de los adolescentes se refieren a la alegría de estar con sus familias y amigos. Y realmente sonríen cuando los escriben. Hasta Julinhno (11), que además de estudiar vende chupetines cuatro horas cada día, e insiste hasta la saciedad que no tiene nada bueno que contar, finalmente encuentra su recuerdo feliz. “La película de ayer – asegura contento, como riéndose de si mismo por no haberse dado cuenta antes- ¿Cuál proyectan hoy?”, y sale corriendo del aula.
Fuera la enorme pantalla de cine con la que Nómadas recorre las últimas semanas las zonas afectadas por el terremoto ya está lista. Y las gradas comienzan a llenarse. Solo entonces comienza la función y dos dragones y una libérnaga animadas hacen las delicias de grandes y chicos. Es la magia del cine.
“¿Y así de grande se verá lo que graben en el taller?”, pregunta Julinho en un susurro. Y al escuchar el sí, vuelve a sonreír. Sin parar.
Cine para todos. La comunicación como instrumento integrador
- Nómadas es una asociación sin ánimo de lucro que tiene como objetivo fortalecer la integración cultural entre los diferentes pueblos de Latinoamérica a través de documentales y de ficción en lugares donde el cine no puede llegar.
- Desde el 19 de noviembre hasta el 16 de diciembre recorrerá Pisco, Ica y Chincha para llevar cine gratis a los pueblos afectados por el terremoto del 15 de agosto.
- Entre el 19 y el 25 de noviembre, y junto con Unicef y su programa 2X1, con el cual se capacitan a adolescentes para que jueguen y cuiden a los niños de los albergues, se llevó a cabo un taller para que, a través de la imagen, los adolescentes de Pisco contaran la reconstrucción desde su punto de vista.
- Dicho “mini-documental” será proyectado en pantalla de cine en la Plaza de Armas de Pisco el 13 de diciembre.
La República / Revista Domingo / Pág. 10 al 12, Domingo 9 de Diciembre (pdf)
Enlaces: www.milpo.com.pe










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